Condecoración a los
ex Comandantes en Jefes del Ejército

 

El martes 17 de mayo, dentro del marco de la conmemoración por los 200 años del Nacimiento del Ejército Nacional, se desarrolló una ceremonia en la Plaza de Armas del Comando General del Ejército en la cual fueron distinguidos con la medalla “18 de Mayo de 1811” los Sres. Ex Comandantes en Jefes del Ejército.

 


 

Durante el evento también se procedió al descubrimiento de las placas alusivas a los 200 años del Ejército Nacional por parte de presidentes y directivos de las siguientes instituciones: Agrupación de Atletas del Uruguay, Centro de Sub Oficiales del Ejército, Confederación Nacional de Retirados y Pensionistas Militares del Personal Subalterno de las FF.AA., CAOFA, Cooperativa de las FF.AA., Centro de Oficiales Retirados de las FF.AA. (CORFFAA), Círculo Militar Gral. Artigas, Centro Militar, unidades simbólicas del Ejército, Ministerio del Interior, Fuerza Aérea Uruguaya y Armada Nacional.
 


Seguidamente se dio lectura la Orden del Comando General del Ejército referente al reconocimiento a la Soldado de primera Edy Jacque, por haber adoptado al joven ganhés que llegó al país en abril pasado huyendo del hambre y la pobreza. Además se dio lectura a la Orden por la cual se dispone la distinción con la Medalla al Valor Militar de Segundo Grado “Destacado Valor” al Personal Subalterno quienes tuvieron una destacada actuación en el cumplimiento de Operaciones de Paz de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo. Dicha medalla fue entregada al Sgto. Fredy Bargas, Cbo. 2ª Juan Cardozo y Ex. Soldado Walberto Rodríguez.
 


El acto finalizó con la condecoración a los Ex. Comandantes en Jefes del Ejército por sus servicios prestados al Ejército Nacional, fueron distinguidos: Tte. Gral. Carlos Berois, Tte. Gral. Guillermo De Nava, Tte. Gral. Juan Rebollo, Tte. Gral. Daniel García, Tte. Gral. Fernán Amado, Tte. Gral. Juan Geymonat, Tte. Gral. Santiago Pomoli, Tte. Gral. Ángel Bertolotti y Tte. Gral. Carlos Díaz.

 

 


El
Tte. Gral. (R) Carlos Berois hizo uso de la palabra, en representación de los homenajeados:

 

Señor Ministro de Defensa Nacional
Señores Comandantes en Jefe del Ejército, de la Armada Nacional y de la Fuerza Aérea Uruguaya.
Señores Oficiales Generales, Oficiales Superiores, Jefes y Oficiales, Caballeros Cadetes.
Su Oficiales, Cabos y Soldados del Ejército
Señoras y Señores 

Siendo el más antiguo, me cabe el honor de expresar lo que creo que representa el sentir de los Tenientes Generales a quienes se nos ha otorgado la Medalla “18 de Mayo de 1811”. 

Agradecemos muy profundamente en la persona del Señor Comandante en Jefe a toda la fuerza, esta honrosa distinción, que nos llena de orgullo y aumenta la gratitud que de por sí, inspira el señalado privilegio de haber Comandando el Ejército Nacional, institución fundacional de la Patria que nació con ella misma hace 200 años. 

La recibimos con la humildad que es propia de los soldados, herencia de nuestro fundador el General José Artigas, y en medio del cúmulo de emociones que confluyen en este singular momento, por obra de variados sentimientos: 

  • Por el recuerdo de entrañables camaradas: los que hoy ya no están y los que no pueden estar, los antecesores y sucesores, los colaboradores y todos los que no honramos en Comandar, con quienes compartimos espiritualmente esta condecoración.
  • Por la evocación de tantas vivencias en el seno del Ejército, que reafirmaron los valores en los que creíamos, y nos dieron la felicidad de sentirnos realizados en cada escalón de la profesión militar.
  • Y por el sentimiento de gratitud para nuestras familias, siempre solidarias para alentar nuestra vocación y sumir con silenciosa abnegación los avatares de una vida de sacrificios.

Representamos varias generaciones de soldados, que en su conjunto hemos sido partícipes de más de 60 años de la vida del Ejército. 

Todo un tiempo, preñado de hechos complejos en la historia del país, a través de los que nuestra institución ha transitado siempre con la defensa de la patria como único norte.

Esta sagrada misión, es la que cada uno de nosotros ha tratado de cumplir en su comando de la fuerza, preservando los valores y la tradición del Ejército de acuerdo a los que sus convicciones y los hechos le posibilitaron. 

Hoy al llamado del Ejército, que es decir la voz de la misma de la Patria, hemos acudido sin vacilaciones, sin condiciones y más allá de toda diversidad, porque la unidad de la institución es el fin permanente que está por encima de todo y, éste es el mejor ejemplo que todavía podemos dar. 

Esta sentida ceremonia, enmarcada por los muros que nos vieron dar los primeros pasos en la carrera militar, ha llegado a nuestros corazones y ha erizado nuestra piel, como cada vez que tenemos a la vista los penachos al viento de nuestros cadetes y, a nuestros soldados, con los uniformes de las arma que nos dieron la libertad.

Ha hecho reverdecer, también nuestra esperanza, en la nueva juventud militar, la de los magnos ideales a la que estos viejos soldados, después de toda una vida, le pueden decir:

VALIÓ LA PENA SERVIR EN EL EJÉRCITO, PORQUE NO HAY MEJOR LUGAR, EN DÓNDE SERVIR A LA PATRIA.