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LA
MUJER EN EL EJÉRCITO
Una
Paracaidista en vuelo de hombres
Trascripción del
artículo publicado en el Diario “El País” sobre la Tte 2º. Ana
Lucas.
Por María Inés Lorenzo.
EL PERSONAJE. Una paracaidista en vuelo de hombres. Ana Lucas es
la primera oficial combatiente recibida en paracaidismo en Uruguay
donde, entre los 2.000 militares que practican este deporte, sólo 30
son mujeres.
Viste uniforme de camuflaje, tiene pelo corto y negro. De postura
rígida, pero siempre muy amable, jamás deja de respetar ni hacer
honor a su condición militar. Tampoco a una de sus mayores pasiones:
el paracaidismo: "Son 56 segundos hermosos en los que la libertad y
el disfrute se apoderan de uno", dice la teniente segunda Ana Lucas
(29), primera mujer oficial combatiente recibida en Uruguay en el
deporte extremo.
Obtuvo el título hace tres meses y confiesa que siente un "profundo
orgullo y alegría" porque es algo que anhelaba desde su
adolescencia. Asegura que para poder ser paracaidista se necesita
mucha voluntad y algo imprescindible: corazón. Sin embargo, y pese a
su felicidad, también admite que vive esa experiencia con gran
responsabilidad. "No se trata sólo de tener el título. Todos los
años hay que salvar una prueba de aptitud física porque sino se
pierde la habilitación para saltar".
En Uruguay hay unos 2.000 militares en total (entre la Fuerza Naval,
la Armada y el Ejército) recibidos de paracaidistas. Apenas 30 de
ellos son mujeres.

PASIÓN. Ana
Lucas nació en Paysandú en el seno de una familia vinculada al
Ejército y desde pequeña sintió admiración por las actividades
militares, por lo que siempre supo que quería ingresar a la Escuela
Militar. Y lo hizo.
Viajó a la capital, estudió Infantería (carrera militar que se
caracteriza por combatir a pie), luego de dos años obtuvo el título
de Alférez (oficial del Ejército de grado inferior) y posteriormente
ascendió a Teniente Segunda. Pero mientras realizaba esos estudios,
Lucas fue descubriendo otra pasión, que es la del riesgo, más
específicamente la de aprender a tirarse desde un avión. Recién
cuando alcanzó las distinciones militares pudo cumplir esa meta.
Pero no sólo por amor a la adrenalina Lucas se orientó hacia el
paracaidismo. Otro de los motivos que la llevaron a realizar tal
especialidad se relaciona directamente con lo profesional, ya que se
trata de un curso que abre nuevas puertas para formarse en estudios
como Comando o Blindado, que a ella le encantan.
Mucho influyó también el rigor físico que requiere la
especialización así como el espíritu que se logra. "Son experiencias
que no sólo permiten superarse mentalmente sino también físicamente.
Es una manera de ponerse a prueba y conocer las limitaciones de cada
uno", dice convencida.
TIERRA Y VUELO. La especialización de paracaidismo se realiza en
el Centro de Instrucción de Paracaídas del Ejército (CIPE), que
funciona dentro del Batallón de Infantería 14 de Toledo. El curso
dura alrededor de un mes aunque el tiempo puede ser mayor o menor,
dependiendo de la disponibilidad de aviones que tenga la Fuerza
Aérea, detalla Lucas.
La especialización de paracaidismo consiste en dos etapas: tierra y
vuelo, que se realizan en cuatro semanas (dos para cada una). La
primera se caracteriza por ser más rigurosa físicamente porque se
realizan ejercicios como correr, caminar, estiramiento de piernas y
brazos para aprender la posición de caída al suelo. Y en la segunda
se practican los saltos desde el avión, que son cinco en total,
cuenta la teniente.
Si bien el paracaidismo es un deporte extremo que en la historia del
Uruguay ha cobrado la vida de cinco personas, el porcentaje de
accidentes graves que se producen al realizar los saltos es muy
bajo, asegura la teniente.
Lo que sí es más común, sobre todo en el momento de la llegada a
tierra son las lesiones como fracturas de piernas y tobillos o
esguinces. De ahí la importancia de realizar bien el movimiento de
cuerpo, que se debe ejecutar cuando se está a la altura de la copa
de los árboles, explica Lucas. Los pies, por ejemplo, deben
colocarse uno al lado del otro hasta tocarse los tobillos. Las
rodillas también deben ir juntas y flexionadas. Los brazos se llevan
articulados al pecho de manera que se toquen los codos y con las
manos apretadas, y el mentón hay que pegarlo al pecho, detalla la
teniente, al tiempo que realiza la demostración de cada movimiento.
Los saltos se
realizan a 1.250 pies, que equivalen a 300 metros, y desde que se
produce hasta pisar el suelo se demora unos 56 segundos. "Al momento
de tirarse es un nerviosismo que no sé… te toma por completo. Ni
bien se salta y durante cuatro, cinco segundos se siente como una
caída al vacío. Luego uno comienza a suspenderse en el aire
suavemente e inmediatamente se abre la cúpula. De ahí en más es
cuando realmente se disfruta la experiencia".
Pero, aunque resulte paradójico, el paracaidismo es una de las
actividades que más ama pero que menos practica, porque los saltos
son planificados por la unidad del Batallón 14 de Infantería y se
realizan 4 o 5 veces al año, en San Jacinto, Canelones.
La Teniente señala que como el Liceo Militar es una unidad externa a
ese batallón, generalmente se prevén para la misma dos saltos por
año. La última vez que sintió la adrenalina fue cuando saltó junto
al Comandante en Jefe Jorge Rosales.
Por el momento, no le queda otra opción más que cultivar la
paciencia porque las fechas de los próximos saltos aún no están
establecidas.
Se ocupa de lleno a cumplir su rol de jefa de sección de los alumnos
de sexto año del Liceo Militar, trabajo que también disfruta y
consiste en incentivar a los chicos a que sigan una carrera militar.
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